Nunca imaginé que el nacimiento de mi proyecto estaría inspirado en una causa. Antes de que Pan Gabriel existiera como empresa, existía como un hobby, en forma de anhelo; el poder crear un producto que fuera completamente diferente a todo lo que ya había sido creado.

Mi inspiración surge de reconocer e identificar una problemática que era ajena a mí y a todo lo que me rodeaba, las dietas restrictivas que las personas con autismo debían seguir y que resultaban una problemática. Cualquier otra persona pudo haber visto una limitación, yo logré ver potencial y una oportunidad única. Mientras algunos dudaban de la idea y de sus capacidades, yo sentía que con las piezas correctas y un entorno comprometido podrían brillar.

Así fue como nació Pan Gabriel; no desde una receta de negocio, sino desde una receta de vida. Quería construir un lugar donde el pan no solo se amasara con ingredientes únicos, sino que estos se complementaran con empatía, paciencia y sobre todo, una pasión.

Mi madre siempre me dijo que al ponerme en el lugar de otros y buscar hacer un cambio, es cuando las mayores bendiciones se reciben, y ahí es cuando realmente todo empezó a tomar el rumbo correcto; ya no solo teníamos un hobby, sino que logramos obtener un panorama mucho más grande y el cual nos permitió generar diversidad en la variedad de productos que podíamos ofrecer a todos aquellos que necesitaban de nosotros. Estábamos empezando a cambiar vidas.

Todo esto no habría podido ser posible sin la ayuda de mi mancuerna: Juan Pablo, quien siempre se ha inspirado a partir de los pequeños detalles; la unión familiar, el sacrificio, el esfuerzo y la confianza. A raíz de esto, nuestro propósito se humanizó, permitiéndome aprender no solo de todos los que me rodeaban, sino de todas las adversidades a las que nos enfrentamos. Todo lo comenzamos a hacer desde el corazón.